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Bajo una inspirada estética al estilo 1984, siendo Chomsky el líder catódico de la comunicación,  el documental nos ofrece la visión del autor estadounidense sobre los mass media. Trabajando sobre el binomio Manipulación-Coonspiración y comparando el pensamiento de Noam Chomsky y el del pez gordo del New York Times podemos concluir:

Según Chomsky:
Existe una conspiración de los medios de comunicación auspiciada por las esferas de poder. La democracia actuaría como una forma actualizada y comúnmente respetada de control de la información y marginación del pensamiento alternativo. De hecho, Chomsky maneja un concepto realmente interesante como es la “Fabricación del consentimiento” que quizás beba del término marxista “alienación”.  Este control se lograría mediante la “propaganda”, concepto que parece retrotraernos a otro tiempo. Además, la información sufre los recortes de aquellos que la controlan, dueños que, según su tamaño pueden ser una fuente misma de legitimación (Ej. el New York Times). La información se filtra, censura y enmarca, es decir, se convierte en “la información” verdadera. De este modo se logra que las personas generen, seleccionen y rechacen de forma autónoma la información no útil para los conspiradores.
La explicación básica reside en que los medios están y son la estructura del Estado.

Según paisano del New York times:
El trabajo de selección y filtrado desarrollado por el New York Times y denunciado por Chomsky es visto de otra manera por uno de sus directivos. De acuerdo con él, no existe una conspiración, no existe una mano invisible que controla la prensa, se produce una selección frívola de la información, algunas historias entran en las rotativas y otras no. Simplemente no se cubrió Timor Oriental porque el foco estaba en otro lugar, sea Camboya o el último partido de los Dallas Mavericks.

No obstante prefiero tirar por el eje trasversal que secciona ambas explicaciones. ¿Existe un control informativo desde las esferas de poder?, sí, ¿existe manipulación?, necesariamente, ¿es una conspiración?, no lo creo. Para explicar este razonamiento me gusta tirar del genio de Foucault y de su concepto “dispositivo”:
“Lo que trato de situar bajo ese nombre es, en primer lugar, un conjunto decididamente heterogéneo, que comprende discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas; en resumen: los elementos del dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho. El dispositivo es la red que puede establecerse entre estos elementos”

Hablamos por lo tanto no de una cabeza visible sino de una construcción social-cultural-económica/política que limita o más bien rige el pensamiento y la comunicación estableciendo aquello que está a su alcance como VISIBLE y determinando el resto como INVISIBLE. Por ejemplo, sería difícil imaginarse un medio de comunicación que publicase en el estilo del siglo XIX o al del XXII, ajeno a las relaciones de poder y marginación, insolente con el orden establecido, irrespetuoso con sus lectores o alejado de los intereses económicos. De hecho Chomsky se aproxima en cierta medida a estructura del dispositivo y argumenta en su obra La (des)educación que los intelectuales que publican discursos falsos o reaccionarios “están prestando el servicio que se espera de ellos; lo esperan así las instituciones para las que trabajan, y ellos cumplen los requerimientos del sistema doctrinal, ya sea voluntaria o quizá insconscientemente. Es como si contrataras a un carpintero y, una vez realizado el trabajo para el que lo contrataste, te preguntaras cómo ha podido hacerlo. Bueno, ha hecho lo que se esperaba de él; y los intelectuales ofrecen un servicio muy parecido”.

Por ello, ante las relaciones de toda índole en las que estamos inmersos y reproducimos debemos plantearnos que el periodismo no reside en la prensa de masas sino en otro lugar. El autocontrol que ejerce la red dispositival patologiza toda aquella información o actitud no-normal y se margina. Ante esta situación, el consumidor de información inconsciente (poco preparado o idiota, a mi no me van a despedir del MIT) simplemente accede a la “verdad” presentada como tal, única y hermosa, perfectamente confeccionada y expuesta con el más luminoso ropaje emocional y simple. El conjunto sistémico se retroalimenta, nosotros quizás nos atrevamos a contemplar los límites del dispositivo pero seguimos siendo un producto del mismo: si escuchamos una noticia buscamos información en los principales medios, recreamos su ciencia, trabajamos en su estructura y soñamos con ocupar sus ahora sillas de escritorio. ¿Para hacer algo diferente? Todos entraron con esa idea, no nos creamos venidos del cielo, la diferencia la marca el nivel de sabotaje y disidencia y eso no se mide en sueldo, se mide en kilos de goma 2.

A modo de cierre, cabría añadir que el periodista tiene la obligación moral de presentar la realidad como él la percibe pero también como esta se configura al entrar en contacto con ella, es decir, no todo es interpretable y subjetivo y existen datos brutos que presentar. Ante una mentira, el periodista tiene la obligación de destaparla con datos, no transmitirla. Sin esta premisa, no existe el periodismo. Para más información a este respecto véase el artículo “Pinochos” de Tomás Declós del 15 de abril de 2012 en El País.

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